Descubre en coche la espectacular costa de Asturias

Playa Asturias: ©José Ramón Pérez

La forma más rápida de recorrer la costa de Asturias es alquilar un coche y hacerse de un tirón, por la Autovía del Cantábrico, los 229 km que separan Figueras, en el Occidente y frontera con Lugo, de Pimiango, en el Oriente y frontera con Cantabria. En dos horas, sin tráfico y con un buen día, la E-70/A-8 os permite hacerlo sin exponeros a ninguna multa. Pero la forma más interesante de recorrer la costa de Asturias es alquilar un coche, huir de la autopista y descubrir 345 km de pueblos con encanto, tranquilas playas y rugientes acantilados a los que sólo se llega por carreteras nacionales (como la N634 y N632) y, a veces, un corto paseo.

 

Como si de un pedazo de tarta mordisqueado por un gigante se tratara, la costa de Asturias tiene en su perfil las huellas dejadas por su dentadura. El gigante tiene un nombre, es el furioso Mar Cantábrico, las huellas son 200 playas que alternan con un corte vertical en el terreno, donde desaparece un prado o un monte.

Los vecinos vascos y cántabros, y los visitantes madrileños, conocen desde hace décadas que en el Oriente, en la zona de Llanes, el mar y la montaña se dan la mano. Y el mar les regala playas como Ballota, Toró, Poo (que por su forma puede que no veamos el mar desde la arena cuando hay bajamar) o San Martín (sólo accesible a pie) aunque las más populares sean Barro (cerca del pueblo del mismo nombre), Torimbia y Sablón (playa urbana en Llanes). Como curiosidad, no relacionada con la arena, en Llanes, además, los aficionados al cine encontrarán el caserón donde se rodó “El Orfanato”.

Llanes

Abandonando la zona en dirección oeste, hay que hacer una parada en Naves y preguntarle a algún vecino, porque no es fácil para quien no ha ido antes, por Gulpiyuri, la playa en un prado. Según a la hora a la que lleguemos, podemos encontrarnos con que la playa no está y sus 40m de extensión se los ha tragado, literalmente, el mar. Y es que la playa está separada del mar por un acantilado que la cierra y que sólo, en su parte inferior, tiene una oquedad por la que entra y sale el Cantábrico en función de la marea.

Entre las localidades de Ribadesella (con playa urbana en un lateral de la desembocadura del – famoso por el descenso internacional en piragua - Río Sella) y de Villaviciosa (famosa por ser la cuna de la sidra achampañada El Gaitero), es recomendable una parada técnica en Lastres, el pueblo donde se rodó la serie de televisión “Doctor Mateo”. Si subimos hasta el Mirador de San Roque disfrutaremos de una estupendas vistas sobre este pueblo marinero y varias decenas de kilómetros de costa.

Continuando el camino, esquivaremos el industrial Gijón (no porque no merezca la pena sino todo lo contrario, para centrarnos en lugares menos concurridos) y buscaremos dos pequeñas pueblos marineros. A Candás y Luanco los separan tres kilómetros de curvas, pero ambos son los preferidos por los asturianos en verano para sentarse en la terraza de algún restaurante, en la zona del puerto, y comerse unas sardinas mientras se bebe sidra.

Si queremos ver no una playa sino tres seguidas, a las afueras de Avilés están San Juan, El Espartal (con una preciosa zona de dunas, que se pueden recorrer por superficies elevadas, a sus espaldas) y Salinas, a los pies de una antigua villa de residencias de verano. Al final de la playa se encuentra el Museo de Anclas Philippe Cousteau, gratuito, abierto y al aire libre, y con un busto de bronce, clavado en la roca sobre el mar, del que fuera hijo del famoso explorador y divulgador marino.

Puerto Asturias

Tras unos minutos contemplando la escultura y el mar, reemprendamos la marcha en dirección a uno de esos pueblos de postal que nos imaginamos como típicamente marineros. Con casas que se suben unas encima de otras, arañando espacio a la falda de la montaña y buscando las vistas a su puerto, Cudillero es una parada imprescindible en cualquier ruta por la costa de Asturias.

 

Y, cerca de Cudillero, tal vez tengamos que preguntar a alguien que viva en Castañeras para encontrar la espectacular Playa del Silencio o El Gavieiru. No es una playa de arena sino de cantos rodados pero lo espectacular se encuentra detrás de ella: la playa está en la base de un acantilado. Quedarse boquiabierto es de rigor.

 

Recuperamos el habla para subirnos al coche y terminar ya nuestra ruta (¿se os ha hecho corta o larga? Ánimo, sólo quedan dos paradas) en dirección a la frontera natural (la Ría del Eo) de Asturias con Galicia. Tras pasear junto a los barcos pesqueros de su puerto, en Luarca hay que seguir hasta casi el final del espigón y subir al camino que lleva al cementerio con, aunque suene extraño, las mejores vistas que conozco (el puerto, el mar y unos acantilados). Si tal cosa fuera posible, el Premio Nobel D. Severo Ochoa las estará disfrutando pues allí reposan sus restos.

 

 

 

Otros consejos de viajes

Luarca

Playa a un lado, acantilados al otro y, casi en el centro, un puerto pesquero. Tapia de Casariego tiene el faro más Occidental de Asturias, que está enclavado en el Cabo Cebes y al que se accede por un dique sobre rocas. Precioso en los días en que el mar está calmado, aterrador cuando se desata la ira del Cantábrico.

 

 

Desde Llanes a Tapia, de una punta a otra de la región, Asturias posee una costa en la que podemos disfrutar de una sucesión de pueblos marineros y playas escondidas. Anímate a descubrirlas.


Sobre el Autor José Ramón Pérez

José Ramón Pérez

Jóse Ramón Pérez (Avisto) es escritor freelance y apasionado del Social Media, las camisetas y el Couch Surfing, tras su viaje de un año por Asia y Oceanía se incorporó como editor a Viajablog a principios de 2008, donde es responsable de las redes sociales.

Este viajero incansable es un aficionado a leer y charlar sobre Historia y Viajes, además de promocionar las bondades de su Asturias natal y su Dublin adoptivo (vivió y trabajó en la capital irlandesa durante varios años) allá donde va. Una mochila siempre llena de cargadores y cachivaches electrónicos le ha hecho encorvarse por los cinco continentes, aunque ha repetido algunos países (ha estado tres veces en India), es un enamorado de Asia y considera África su asignatura pendiente.