Una ruta en coche de alquiler por el sur de Baviera

Castillo Neuschwanstein - ©José Miguel Redondo

Iniciamos en el Estado de Baviera, Alemania, un viaje a los sueños megalómanos de un rey que imploraba absolutismo en tiempos de revolución. Luis II de Baviera, al quien la historia recordaría tristemente como el Rey loco, siempre fue un hombre de excesos, de ideales barrocos y música de Wagner retumbando en su cabeza. Cuanto más solo se quedaba más faraónicos se convertían sus proyectos. En el sur de Baviera, a los pies de la cordillera de los Alpes, Neuschwanstein nacía como un castillo de cuento de hadas relleno de ideales del medievo demasiado quijotescos para la época revolucionaria que le tocó vivir. Sus dispendios le costaron, entre otras cosas, aparecer flotando en un lago como parte de una muerte misteriosa que aún no se ha podido resolver. Pero, paradojas de la vida, su locura se ve ahora como la genialidad de alguien que imaginó un castillo como el de La Bella Durmiente entre el bosque, las montañas nevadas y lagos cuyas aguas son de cristal.

 

 

Así es el sur de Baviera, una amalgama de casas de cuento, pequeños Versalles dibujando laberínticos jardines, templos rococós tan recargados y delicados que parecen romperse con respirar y, por supuesto, los castillos que hicieron eterna la figura de Luis II, el Rey Loco.

 

 

En Múnich alquilamos un coche para tocar la cordillera alpina en menos de dos horas. Tras desplegar nuestros mapas establecemos la base en Füssen desde donde Neuschwanstein queda apenas a un paso. Comienza así una ruta por carretera de no más de tres días en los que no deben faltar los siguientes imprescindibles de todo viaje por el sur bávaro:

Füssen, el sendero de Roma hacia el Danubio

Füssen

Punto clave para comenzar la ruta e incluso para tenerlo en cuenta como centro de operaciones, ya que se sitúa próximo a muchos de los puntos que vamos a visitar. Füssen es una pequeña ciudad en la que caminar por el empedrado de sus paseos peatonales que nos retrotraen a la época romana. De hecho la Reichenstrasse, su avenida principal, es el camino de la Via Claudia Augusta que los romanos hicieron para unir el río Danubio con el norte de la Península Itálica atravesando la cordillera de los Alpes.

 

El Altstad (barrio antiguo) de Füssen no decepciona de ninguna manera. Es coqueto, amable y además nos lleva a las puertas del castillo que corona la ciudad.

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Hohenschwangau, el castillo en que Luis II comenzó a soñar

Füssen

El castillo de Hohenschwangau es el paso necesario antes de llegar a Neuschwanstein. De estilo neogótico, tiene más de palacio que de castillo, aunque durante la Edad Media lo fuera hasta quedar en ruinas. Maximiniano II, el padre del futuro Rey Luis II de Baviera, restauró el castillo en el primer tercio del siglo XIX para utilizarlo como residencia de verano. Tanto Luis como su hermano pasaron sus estíos de niñez en este lugar profusamente decorado ahora abierto al público, que puede considerarse el preludio de lo que llegaría después. Uno de los objetivos de Luis II era que su nuevo castillo se viera desde la ventana de su habitación de siempre. Y no cabe duda que lo logró.

 

El Altstad (barrio antiguo) de Füssen no decepciona de ninguna manera. Es coqueto, amable y además nos lleva a las puertas del castillo que corona la ciudad.

Neuschwanstein, el castillo de la Bella Durmiente

Si caminamos durante algo menos de tres cuartos de hora desde Hohenschwangau nos toparemos con uno de los castillos más bonitos que se pueden ver en todo el mundo. Todo un compendio de excesos busca el cielo con sus torres circulares, salones grandilocuentes y hasta su propia cueva artificial. El castillo se explica a través de los detalles, de la afición obsesiva de Luis II por Wagner y por pensar que era merecedor de su propio cuento de hadas. En una época de revoluciones esta actitud absolutista y derrochadora fue un shock para un pueblo hastiado de un monarca caprichoso y alejado de la realidad. Y, probablemente, la razón de que apareciera flotando en el lago Starnberg. Resulta paradójico que hoy en día sea uno de los lugares más visitados y admirados de Alemania.

 

Un consejo. La mejor foto de Neuschwanstein se toma desde el puente de María (en alemán Marienbrücke).

Schwangau, aldea idílica a los pies de los Alpes

Schwangau

A pocos kilómetros de los castillos del Rey Loco se encuentra un pueblecito idílico de postal. Sus antiguas casonas con tejados a dos aguas y grandes balcones nos llevan a la Baviera más rural y tradicional.

 

Es un lugar para venir a desconectar, empaparse de la tranquilidad bávara y, si tenemos frío, tomarnos un chocolatito caliente en Ferienhotel Helmer (aunque también preparan unos schnitzel deliciosos).

Iglesia de Wies, puro rococó

Iglesia de Wies

El sur de Alemania es un imán de edificios recargados hasta el máximo. De hecho existe la ruta del rococó, en la que la iglesia de Wies es uno de los máximos exponentes de este estilo artístico. De hecho este edificio situado a menos de media hora al norte de Füssen es Patrimonio de la Humanidad y todo un centro de peregrinaje después de que dos pastorcillos afirmaran haber visto llorar a la estatua del Cristo flagelado.

Oberammergau y los cuentos de siempre en las paredes

Oberammergau

Uno de los pueblos más hermosos y recomendables del sur de Baviera es Oberammergau. Y no es que destaque por contar con una catedral, una iglesia estilo rococó o un castillo imponente. Su secreto está en las casas con pinturas historiadas que rescatan los cuentos de siempre. Así podemos leer la historia de Hänsel y Gretel o los avatares de Caperucita roja con su abuelita y el lobo feroz.

 

Oberammergau se trata, sin duda, de un pueblo de fantasía capaz de alargar por sí solo el idilio de los viajeros con Baviera. ¡100% recomendado!

Linderhof, el Versalles bávaro

Linderhof

Volvemos tras las huellas de Luis II de Baviera, el Rey Loco que ya nos sorprendió con el castillo de Neuschwanstein. Una vez pasamos Oberammergau y nos vamos a mano derecha nos encontraremos con otro de sus grandes caprichos, el palacio de Linderhof. Lo que fuera un viejo coto de caza familiar se convirtió en el Versalles particular del monarca cuyo máximo ídolo era el Rey francés Luis XVI, más conocido como el Rey Sol. De hecho las referencias hacia él son numerosas.

Su fachada barroca se encuentra recargada hasta el extremo, pero el secreto de Linderhof está en el interior. En su salón de los espejos, los pasadizos inventados por Luis II y la recreación fiel de muchas de las dependencias versallescas encontramos un homenaje constante al rey más absolutista de todos y que guardara para la Historia la frase de “El Estado soy yo”.

 

Los jardines de Linderhof no debemos pasarlos por alto. Si avanzamos por sus senderos encontraremos, por ejemplo, un pabellón para tomar el té a la menta como si estuviésemos en Marruecos. Y muchas más sorpresas que Luis II no ideó precisamente para los turistas. Bien es sabido que era antisocial y odiaba profundamente a las personas.

La gran abadía de Ettal

Cuando más nos aproximamos a los Alpes, una vez dejados atrás Oberammergau o Linderhof, nos topamos con uno de esos monasterios en los que debemos detenernos sin más excusa que la de disfrutar de otro conjunto rococó prodigioso. El paraíso sobrevuela nuestras cabezas desde una cúpula celestial. Conviene también fijarse en los órganos, una auténtica obra maestra que escuchar en directo debe ser sublime.

Garmisch-Partenkirchen

Trampolín de saltos de esquí de Garmisch-Partenkirchen

Ya estamos en los Alpes. De hecho terminamos nuestra ruta del sur bávaro frente al gran trampolín que todos tenemos en nuestra cabeza cada día de año nuevo. Porque el 1 de enero es el Campeonato Mundial de los Saltos de esquí. Y se celebra en este lugar. Al fin y al cabo se puede decir que aquí hemos estado todos los mortales que hemos amanecido antes de comer tras una larga nochevieja y lo hemos tenido de fondo en la televisión. Así que, ¿qué mejor sitio para decir adiós a una ruta maravillosa y alcanzar la lucidez?

 

Hay recorridos por carretera que son para enmarcar. El del Sur de Baviera es para ponerlo sobre la chimenea y sonreír como el que ha logrado uno de sus mayores trofeos.


Sobre el Autor José Miguel Redondo (Sele)

José Miguel Redondo (Sele)

José Miguel Redondo, más conocido como Sele, es uno de los viajeros y bloggers de viajes más destacados en España. Desde hace 9 años escribe en el blog www.elrincondesele.com donde narra sus aventuras en más de 85 países. Trabaja además como coordinador de contenidos y editor en Cadena SER Viajes y Los 40 viajes. Es miembro de la agrupación profesional de bloggers de viajes más importante de nuestro país, Travel Inspirers.